Exposición

INTRODUCCION 
 
El uso de mano de obra forzada constituyó una realidad omnipresente durante la Segunda Guerra Mundial. Especialmente la Alemania nazi, pero también los demás países fascistas europeos, al igual que Japón, la Unión Soviética y las potencias coloniales en África recurrieron al trabajo forzado de forma sistemática.

En las últimas décadas, el fenómeno del trabajo forzado en Alemania entre 1939 y 1945 ha sido estudiado en profundidad por los historiadores y se le han dedicado innumerable exposiciones y congresos. Gracias a ello, el destino de los trece millones de trabajadores forzados extranjeros en el Reich es hoy bien conocido y forma  parte de la conciencia colectiva de la sociedad alemana.

Menos estudiada y difundida en cambio es la historia de los varios millones de personas que en la « Europa de Hitler », desde Francia a Rusia, desde Noruega a Argelia, se vieron obligados a trabajar para el Tercer Reich y sus países satélites.

Un grupo muy poco conocido de trabajadores forzados durante la Segunda Guerra Mundial son los refugiados de la Guerra Civil, los « Españoles rojos », que tuvieron que servir tanto a la Alemania nazi como a la Francia de Vichy.

Esta exposición trilingüe recorre la historia de los trabajadores forzados españoles, hoy casi olvidados tanto en Alemania como en Francia como en España, pese a que  están reconocidos oficialmente desde los años sesenta como víctimas el nazismo.
Trabajo forzoso en el Tercer Reich 
 
El 1 de septiembre de 1939 Alemania invade Polonia y desencadena la Segunda Guerra Mundial. Hitler quiere ganar « Lebensraum » para el Reich y crear un nuevo orden europeo bajo dominio alemán. La movilización de millones de soldados provoca un descenso brusco de la fuerza de trabajo, creando un grave problema a la economía de guerra nazi.

La carencia de mano de obra se compensa con el  reclutamiento de millones de extranjeros, la mayoría contra su voluntad. Primero son obligados a trabajar los prisioneros de guerra. A partir de 1942 se recluta de forma masiva en toda Europa y se pone a disposición de la industria armamentística a los presos de los campos de concentración.

Responsables máximos de la organización del trabajo forzado en Alemania y en la « Europa de Hitler » son la Wehrmacht, las oficinas de empleo, las empresas de las SS, la Organización Todt, el Plenipotenciario para el Reclutamiento Fritz Sauckel y los regímenes satélites del Tercer Reich.

En Alemania todos los sectores de la economía se benefician de los trabajadores forzados extranjeros, a los que se trata según criterios raciales y políticos. Los procedentes de Europa occidental reciben un trato relativamente correcto, mientras los de Europa oriental son explotados sin miramientos y los judíos están condenados a la muerte por extenuación.

Durante la Segunda Guerra Mundial, unos 100.000 españoles refugiados de la Guerra Civil son perseguidos a causa de su antifascismo y sufren internamiento, deportación y trabajo forzado tanto en Francia como en Alemania.

Guerra en España 
El 18 de julio de 1936, una parte del ejército español se rebela contra el gobierno democrático. Los golpistas, pronto liderados por el general Francisco Franco, pretenden acabar con la República, que desde su implantación en 1931 encarna un proyecto modernizador, descentralizador y laico percibido por los sectores conservadores como una amenaza a sus privilegios y un ataque a la « esencia » de la nación española. 

El combate entre los dos bandos es desigual, los apoyos externos determinantes. Desde el principio, Hitler y Mussolini envían tropas, artillería y aviones a España para reforzar a Franco, mientras las democracias europeas niegan cualquier respaldo a la República, que se ve obligada a pedir ayuda a la Unión Soviética, recibiendo además el apoyo de los voluntarios de las Brigadas Internacionales.

La Guerra Civil en España polariza la opinión pública en todo el mundo. Para los sectores progresistas es un combate entre la democracia y el  fascismo que no deja de crecer en Europa. Para los conservadores se trata de una justa « Cruzada » contra el comunismo que amenaza a Occidente.

La victoria final de Franco en abril de 1939 deja un balance pavoroso: medio millón de muertos, medio millón de exiliados, un país en ruinas y una dictadura que se prolongará treinta y seis años. Con el argumento de no abrir viejas heridas en la sociedad española, la democracia restaurada después de 1975 no acomete una revisión crítica de la Guerra Civil. Aún hoy día, más de 100.000 combatientes del ejército republicano siguen enterrados en fosas comunes.

Retirada a Francia 
 
El exilio de españoles leales a la república democrática se produce en varias oleadas durante toda la Guerra Civil. Al final del conflicto, en el invierno de 1939, casi medio millón de soldados, mujeres, niños y ancianos huyen de las tropas de Franco a través de los Pirineos catalanes.

Esta inmensa masa de antifascistas es percibida como una amenaza por el gobierno de la República Francesa, que ordena a su ejército recibir a los españoles en la frontera, desarmarlos y dirigirlos a improvisados campos de refugiados en las playas de Argelès-sur-Mer, Saint-Cyprien y Barcarès.


Testimonio de Mariano Constante :
« Nuestro camión avanzaba lentamente a causa de las destrucciones en la carretera, los vehículos abandonados, los animales errando de un lado a otro. Militares y civiles mezclados, ancianos, mujeres, niños, soldados heridos perdiendo su sangre, inválidos con miembros amputados, caminaban lentamente. Era un espectáculo en verdad descorazonador. Hicimos subir a nuestro camión a un grupo de inválidos y nosotros terminamos el trayecto a pie. » Mariano Constante, Los años rojos, Barcelona, 1974.

Internamiento en Francia 
Los refugiados españoles hacinados en las playas del sur de Francia deben cavar hoyos en la arena para protegerse del crudo invierno de 1939. Unos 15.000 mueren a causa de las desastrosas condiciones higiénicas y la escasa alimentación. 

En los meses siguientes, el gobierno francés decide construir campos de internamiento donde además de « españoles rojos » son enviados extranjeros de « estados enemigos » y comunistas. Los mayores campos están en Barcarès, Agde, Gurs y Rivesaltes. Gran parte de los refugiados de la Guerra Civil vuelven a España y algunas decenas de miles emigran a Latinoamérica.

A inicios de 1940 quedan 140.000 en Francia, de ellos 40.000 son mujeres y niños. Los republicanos españoles son los primeros internados de la Segunda Guerra Mundial en Francia.

Voluntarios para el frente
Ante la guerra europea que ya se adivina, en la primavera de 1939 Francia decide que los refugiados contribuyan a la defensa del país. Los exiliados que quieran continuar residiendo en Francia deben comprometerse a aceptar un servicio de trabajo obligatorio o bien entrar en el Ejército. De los c. 100.000 españoles veteranos de la Guerra Civil que se encuentran en Francia, unos 6.000 se enrolan en los Regimientos de Marcha de Voluntarios Extranjeros (RMVE) y en la Legión. 

Durante la ofensiva alemana sobre Francia de mayo-junio de 1940 muchos españoles pierden la vida. El 1º RMVE es diezmado en la Línea Maginot. El 2º RMVE se rinde en Alsacia falto de munición. Los 11º y 12º regimientos infantería de la Legión pierden tres cuartos de sus efectivos en la Línea Maginot. La 13ª semibrigada de la Legión combate en Narvik (Noruega), se retira a Inglaterra y participa en 1944 en la liberación de Francia.

Empleo en la Línea Maginot
90.000 republicanos españoles se convierten en « prestataires » para la economía de guerra francesa. De ellos 40.000 son puestos a disposición de empresas de todos los sectores de producción. Los restantes 50.000 son integrados en unidades de trabajo militarizadas, las Compañías de Trabajadores Extranjeros (CTE), compuestas por 250 hombres a cargo de un oficial francés. 

La mayoría de CTE son enviadas a la frontera norte y este de Francia con el objetivo de reforzar las fortificaciones que componen la Línea Maginot, donde se espera frenar un eventual ataque alemán. Cuando la Wehrmacht lanza su ofensiva en mayo de 1940 lo hace evitando la Línea Maginot, sorprendiendo a los franceses por la retaguardia. Los republicanos españoles apenas tienen armas para defenderse. 5.000 mueren durante los combates y 7.000 son capturados por los alemanes.
Deportación al Reich 
El 20 de agosto de 1940, los alemanes llevan a cabo la primera deportación de civiles de Europa occidental al Reich. Las víctimas son 927 españoles que se encuentran en el campo de refugiados de Angulema. Tras cuatro días de penoso viaje, el tren llega a Mauthausen, en Austria. Los hombres son recluidos en el campo de concentración, mientras las mujeres y niños continúan viaje y son entregados a la policía española en Irún. 

Por su parte, los 7.000 republicanos españoles capturados en la Línea Maginot son enviados junto a los soldados franceses a campos de prisioneros de guerra en el Reich (Stalags). Siguiendo una orden de Hitler, estos « españoles rojos » pierden en el otoño de 1940 el status de prisioneros de guerra y son enviados a Mauthausen.

Hasta 1944, otros 2.000 españoles son deportados desde Francia a diversos campos de concentración alemanes. Entre ellos hay políticos como Francisco Largo Caballero y miembros de la resistencia como Jorge Semprún o Neus Catalá. En total, 9.300 hombres y mujeres españolas son deportados a campos de concentración del Reich y sirven de mano de obra esclava para los nazis.

Trabajo forzado en Mauthausen 
De los 9.300 españoles deportados a campos de concentración alemanes, 7.532 tienen por destino Mauthausen. Es el único campo de concentración de categoría III, donde se practica el « exterminio mediante el trabajo » (Vernichtung durch Arbeit). 

Los presos cargan con bloques de granito de 50 kilos subiendo los 186 peldaños de la « escalera de la muerte ». En el vecino subcampo de Gusen las condiciones son tan extremas que la mayoría fallece al poco de llegar. En total, 100.000 personas de diversas nacionalidades pierden la vida en Mauthausen, de los cuales 4.816 son españoles.

El trabajo forzado en los campos de concentración se generaliza a partir de 1942, cuando el gobierno alemán decide poner a los deportados a disposición de la industria de guerra. Para que los presos estén cerca de sus puestos de trabajo, se crean más de 1.000 subcampos. Dispersos por todo el Reich encontramos republicanos españoles convertidos en mano de obra esclava.

Internamiento en la Francia de Vichy
Con la derrota ante Alemania en junio de 1940, Francia se divide en una zona ocupada y una zona “libre”. A la democracia le sustituye una dictadura autoritaria con capital en Vichy y presidida por el anciano mariscal Philippe Pétain. El régimen colabora con los nazis y aplica una política represiva, anticomunista, antisemita y xenófoba. 

El gobierno de Vichy crea su propia red de campos de internamiento, que a partir de julio de 1942 sirven de punto de partida para la deportación de 76.000 judíos a los campos de exterminio y de 86.000 franceses y extranjeros represaliados políticos a los campos de concentración del Reich.

Obligado por los alemanes, Pétain impone un servicio de trabajo obligatorio (STO) con el que se envía a más de medio millón de jóvenes franceses a Alemania. Los exiliados españoles en Francia viven bajo la estrecha vigilancia de la policía de Vichy y quienes no emigran al Reich o regresan a España son recluidos en campos de internamiento y forzados a servir en batallones de trabajo.

Trabajo forzado para Vichy 
Los « rojos españoles » en la zona no ocupada de Francia se libran de la deportación al Reich pero no de las políticas represivas de Pétain. El gobierno de Vichy crea su propio sistema de campos de trabajo, en el que interna a republicanos españoles, extranjeros sin recursos y judíos extranjeros. 

La ley de 27 de setiembre de 1940 permite destinar a « los extranjeros sobrantes de la economía nacional » a un servicio de trabajo obligatorio. Todos los españoles en los campos de internamiento son enviados tras un análisis médico a alguno de los numerosos Grupos de Trabajadores Extranjeros (GTE) repartidos por la Francia “libre”.

Los « rojos españoles » son los primeros trabajadores forzados del régimen de Vichy. Durante cuatro años más de 30.000 españoles y 10.000 exiliados de otras nacionalidades son obligados a trabajar sin sueldo y bajo condiciones extremas en la agricultura o en la industria.

Además, miles de españoles de las GTE son deportados a la zona ocupada por los alemanes, donde deben servir a la Organización Todt.

 Internamiento en el norte de África
Al final de la Guerra Civil más de 10.000 republicanos españoles huyen hacia el África del norte francesa. De ellos, casi 3.000 a bordo del carbonero británico Stanbrook, que zarpa de Alicante el 28 de marzo de 1939, cuando las tropas de Franco están a punto de entrar en la ciudad, y alcanza Orán un día después. 

En el norte de África, la administración colonial de Vichy crea un sistema de campos de internamiento y de trabajo en el que comunistas franceses, nacionalistas africanos y antifascistas europeos, entre ellos muchos intelectuales, viven en condiciones extremas.

Varios miles de republicanos españoles son enviados a estos campos de trabajo en el desierto. La mayoría son refugiados llegados desde España pero también hay deportados desde Francia por el régimen de Vichy, caso del escritor Max Aub.

El campo más grande de Argelia está en Djelfa. Allí malviven 2.500 « españoles rojos », judíos, comunistas y miembros de las Brigadas Internacionales.


Trabajo forzado en el « Transahariano »
Cerca de 2.000 españoles son empleados en la construcción del Transahariano, una línea férrea de 3.000 kilómetros que debe conectar Argelia con Mali, donde desde 1928 miles de trabajadores forzados africanos plantan algodón para la administración colonial francesa. 

El régimen de Vichy recupera así el antiguo proyecto de unir por tren las colonias francesas en África. La mano de obra del Transahariano está compuesta por republicanos españoles, judíos, magrebíes y comunistas de toda Europa. Los que se rebelan son enviados al campo disciplinario en Hadjerat M’Guil, cuyos comandantes serán sentenciados a muerte después de la guerra.

En 1941 el ministro de Transporte Berthelot inaugura un tramo del ferrocarril, pero hasta el desembarco aliado en septiembre de 1943 sólo se construye un total de 46 kilómetros. El proyecto es abandonado definitivamente después de la guerra. Los republicanos españoles son víctimas del delirio de grandeza del colonialismo francés.
 Internamiento en la Organización Todt 
La Administración nazi de obra civil « Organización Todt » (OT) se crea en 1938 con el objetivo de construir autopistas y fortificaciones en el Reich. Durante la guerra, la OT sigue a la Wehrmacht por toda Europa reparando infraestructuras dañadas en los combates y creando otras para asegurar el control del territorio. 

La OT, en sus inicios bajo la dirección del ingeniero Fritz Todt y a su muerte del arquitecto Albert Speer, se convierte en pilar fundamental de la economía de guerra alemana, siendo el mayor empleador de la
« Europa de Hitler ». A principios de 1944, la OT cuenta con un millón y medio de trabajadores voluntarios, reclutados, forzados y prisioneros de campos de concentración.

Los proyectos más importantes de la OT los desarrolla el grupo oeste, « Einsatzgruppe West », en la Francia ocupada. Empresas privadas de construcción alemanas y francesas ponen en pie bases submarinas, bunkers, fortificaciones y rampas de lanzamiento de misiles.

Para sus gigantescas obras, la OT exige mano de obra al gobierno de Vichy. Con el fin de proteger a sus nacionales, Vichy envía súbditos de las colonias, judíos y republicanos españoles. Finalmente, a partir de 1943, decenas de miles de franceses son también empleados en la OT en el marco del STO.

Trabajo forzado para las bases submarinas 
Después de la ocupación de Francia en 1940, el Tercer Reich transfiere su flota de submarinos a la costa atlántica. Para protegerla de los bombardeos aliados, la marina alemana diseña gigantescas bases en los puertos de Brest, Lorient, Saint Nazaire, La Rochelle, Burdeos y también en Marsella. 

La Organización Todt otorga estos macro-proyectos con contratos lucrativos a empresas alemanas y francesas, que aportan sus propios trabajadores, mientras que las fuerzas de ocupación proveen los materiales necesarios. La mayor parte de trabajadores son franceses voluntarios y de la STO, prisioneros de guerra soviéticos, africanos e italianos además de republicanos españoles.

Comisiones de la Todt visitan los grupos de trabajo GTE en la Francia “libre” para reclutar voluntarios. Ante el escaso eco, el régimen de Vichy entrega sin más a los exiliados españoles a los alemanes. De esa manera, cerca de 35.000 republicanos españoles acaban en los campos de trabajo de la OT en la Francia ocupada.
ZOOM: « Españoles rojos » en el cuartel Niel
El cuartel Niel lleva el nombre del mariscal Adolphe Niel. Fue construido bajo el Segundo Imperio para el almacenamiento de mercancías. En 1875, el ejército francés compró los edificios para albergar una unidad de transporte. 

Durante la Segunda Guerra Mundial, el ejército alemán requisó el cuartel para internar a 3.000 refugiados políticos de la guerra de España deportados desde la zona de Vichy. Los empleó la Organización Todt y trabajaron en la base submarina alemana en construcción en la dársena.

El cuartel Niel fue regido por el germano-español José María Otto Warncke, líder del campo y oficial de enlace con los trabajadores españoles. Durante las obras de la base submarina y de la esclusa cubierta, al menos 68 españoles murieron.

Desde 1943, casi un millar de trabajadores españoles escaparon del cuartel Niel. Muchos se unieron a la Resistencia y algunos se incorporaron a los batallones "Gernika" y "Libertad" para participar en la liberación del Médoc, en abril de 1945.

Después de la guerra, el cuartel  fue recuperado por el ejército francés hasta 2005. En 2008, el cuartel Niel fue vendido por la ciudad de Burdeos al proyecto de Darwin, que lo convirtió en un lugar cultural y ecológico.

El ecosistema de Darwin atrae a un millón de visitantes cada año y el cuartel Niel es, junto con la base submarina, un importante lugar de memoria  de la Segunda Guerra mundial en Burdeos.

Internamiento en las Islas del Canal
Ante la imposibilidad de defender las Islas del Canal, en junio de 1940 Gran Bretaña decide su desmilitarización y permite así la invasión alemana del pequeño archipiélago ahorrando muchas vidas. La isla de Alderney es evacuada por completo. 

Como único territorio británico bajo ocupación alemana, las Islas del Canal adquieren un gran valor simbólico para el régimen nazi. Por orden expresa de Hitler, Jersey, Guernsey y Alderney deben convertirse en fortalezas inexpugnables.

La Organización Todt instala en las islas campos de trabajo a los que son deportados desde Francia unos 4.000 republicanos españoles. En Alderney, las SS crean además el campo de concentración de  « Sylt ». Jornadas extenuantes, subalimentación, castigos y ejecuciones forman parte del día a día de los trabajadores forzados en las Islas del Canal.

La Wehrmacht resiste en las tres islas hasta mayo de 1945 y explota al máximo a los trabajadores forzados. Solo en Alderney fallecen más de setecientos hombres de diversas nacionalidades. Los jefes del campo « Norderney » Adler y Evers son condenados por un tribunal francés tras la guerra.
Trabajo forzado para el « Muro Atlántico »
Tras la declaración de guerra de los Estados Unidos a Alemania en diciembre de 1941, el Führer ordena la construcción de una barrera defensiva en las costas de Europa Occidental que ha de supervisar el mariscal Erwin Rommel, el « zorro del desierto ». De Hendaya al Cabo Norte, un « Muro Atlántico » debe proteger a la « Europa de Hitler » de una eventual invasión aliada.

Empresas alemanas y locales son contratadas para erigir el « Muro Atlántico » con mano de obra aportada por la Wehrmacht y la Organización Todt. Solo en Francia se moviliza a 300.000 trabajadores. Aproximadamente la mitad son franceses enrolados libremente o en el cuadro del STO. El resto son trabajadores forzados extranjeros: prisioneros de guerra soviéticos, republicanos españoles, judíos, italianos y africanos, que viven en campos de la OT.

Tras dos años de obras, en vísperas del desembarco de Normandía en junio de 1944, están completados más de la mitad de los 15.000 bunkers planeados en la costa francesa. Pero el « Muro Atlántico » no consigue su objetivo de contener la invasión aliada. La Wehrmacht resiste solo en algunas ciudades costeras, que acaban siendo liberadas en 1945 por el ejército francés y por resistentes españoles.
Liberación de Francia 
Con 10.000 combatientes, los españoles son el grupo más numeroso de extranjeros en la resistencia francesa contra la ocupación alemana. Los exiliados republicanos desertan en masa de los campos de la OT y de la GTE para alistarse en el maquis. 

Tras ser liberados de los campos del norte de África en 1943, miles de españoles se alistan en el Ejército de la Francia Libre liderado por el general Charles de Gaulle. 150 españoles de la División Leclerc, La Nueve, participan en la liberación de París a finales de agosto de 1944. En el sur de Francia la participación de los españoles en la liberación de algunas ciudades es fundamental.

La esperanza de los republicanos es que los aliados invadan España y acaben con Franco. Pero el sueño del pronto regreso a la patria liberada se desvanece. no queda otra salida que asentarse en el país de acogida. Algunos adoptan la nacionalidad francesa, pero muchos prefieren seguir siendo apátridas. Los refugiados de la Guerra Civil se convierten en exiliados políticos.

Compensación por Alemania
A partir de 1956, miles de antiguos trabajadores españoles del « Muro Atlántico » reclaman una indemnización a la República Federal de Alemania, considerándose perseguidos políticos de los nazis como sus compañeros deportados a los campos de concentración del Reich. 

Las autoridades alemanas rechazan su solicitud con el argumento de que los trabajadores de la Organización Todt eran voluntarios. Con ayuda de abogados en Francia y Alemania, los españoles llevan entonces el caso ante la Justicia. El Tribunal Superior de Colonia abre una profunda investigación e interroga a cientos de testigos, incluido el antiguo jefe de la OT Albert Speer.

La Justicia acaba dando la razón a los españoles: habían sido efectivamente represaliados por los nazis por motivos políticos y debían por ello ser indemnizados. Los republicanos españoles se convierten así en los primeros trabajadores forzados del Tercer Reich en ser reconocidos como víctimas del nazismo. Solo treinta años más tarde, en 2000, Alemania decide indemnizar a los antiguos trabajadores forzados de Europa del Este.
Memoria en Europa 
 
En los museos que por toda Europa recuerdan a las víctimas del nazismo y del fascismo durante la Segunda Guerra Mundial apenas encontramos referencias a las decenas de miles de trabajadores forzados españoles del Tercer Reich y de Vichy.

En Alemania, la memoria de los Rotspanier queda diluida en el océano de los trece millones de trabajadores forzados extranjeros. En Francia, los descendientes de los republicanos españoles luchan aún hoy porque el Estado les reconozca como víctimas del régimen de Vichy, y solo la ciudad de París y algunas iniciativas locales rinden honores a los exiliados de la Guerra Civil.

En las Islas del Canal no se han olvidado del todo de los miles de extranjeros de la OT, mientras en el norte de África solo unas vías muertas del Transahariano recuerdan a que un día allí hubo campos de trabajo forzado.

En España la difícil herencia de la Guerra Civil ha hecho sombra a la memoria del exilio republicano. En los últimos años se ha conseguido al menos que los españoles deportados a Mauthausen y otros campos de concentración nazis sean conocidos entre la población. Pero los internados en los campos de Vichy y los trabajadores forzados de la OT siguen cubiertos por el completo olvido.

Recordar a aquellos españoles que por defender la democracia sufrieron el exilio, la deportación y el trabajo forzado es un deber cívico de los europeos, especialmente cuando los oscuros fantasmas del pasado amenazan con volver al viejo continente.

114total visits,1visits today